lunes, 9 de marzo de 2015

Informe: Mitos y verdades sobre el consumo de los energizantes


Como lo explica el Ingeniero químico Agustín López Munguía, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM de México, el cuerpo es una máquina consumidora “energéticamente costosa”. Explica que una persona adulta de 70kg de peso, necesita de al menos 1,500 calorías para permanecer 24 horas en cama acostado tan solo para que esa energía le permita respirar, pensar, hacer fluir la sangre por el organismo y filtrarla, digerir lo que come, reponer células muertas, pasar saliva, pestañear, etc. Cuando consumimos energía, buscamos reponerla de inmediato.
Actualmente el consumo de bebidas energéticas ha crecido, ello se debe a que tenemos la necesidad de “recuperar la energía perdida” y la ilusión de que nuestro cuerpo rinda más allá de nuestras capacidades reales. Los principales consumidores son: estudiantes en épocas de examen, profesionales agobiados por fechas límite, deportistas en busca de aumentar su rendimiento y jóvenes que quieren “alargar la fiesta”. Pese a lo que muchos piensan, la equivalencia entre tomar una lata de bebida energizante, con la mayor concentración de cafeína, y una taza regular de café es solamente de 2 a 1 (no de 10 a 1 como muchos sostienen).
Ahora, también surge en nosotros la pregunta:
¿Cuánta cafeína, es demasiada cafeína?
Bueno, la cantidad contenida en las bebidas energéticas se puede calcular fácilmente con las siguientes equivalencias según el estudio realizado: si tomamos un bebida energizante con 322mg de cafeína por lata, sería como tomar 2 tazas de café con 80mg de cafeína por taza, siendo las proporciones más altas registradas en productos energéticos sigue está dentro de lo permitido. Ahora, tomando las proporciones más bajas encontradas en el estudio si tomamos un bebida energizante con 44mg de cafeína por lata, sería como tomar 0.6 tazas de café con 80mg de cafeína por taza o 1.1 botellas de gaseosa, igualmente calculando envases de 355ml con 40mg de cafeína por envase. Las proporciones claramente no son disparatadas como muchos pensaban.
Las bebidas energéticas en su mayoría contienen:
Vitaminas del complejo B, Presentes en una amplia gama de alimentos desde verduras hasta cereales.
Cafeína: en realidad la cantidad de cafeína que aporta una bebida energética no es alarmante, como indicamos líneas arriba, es perfectamente comparable con la ingesta de una taza de café o dos gaseosas.
Taurina: el cuerpo lo necesita. Se trata de un uno de los aminoácidos más abundantes en los músculos y sistema nervioso. El ejercicio intenso lo disminuye, por lo que se adiciona en alimentos o suplementos alimenticios.
Aporte calórico (azúcar): las bebidas energéticas (a excepción de aquellas sin azúcar) contienen azúcares en forma de sacarosa o glucosa. Se ha comprobado que la glucosa adicionada a una pequeña cantidad de cafeína mejora el rendimiento cognitivo.
Como claramente apreciamos, las bebidas energéticas no son perjudiciales para la salud, en realidad como con cualquier alimento o bebida que contenga cafeína solo debemos mantenernos conscientes de la cantidad que consumimos a diario para evitar excesos.
Con la moderación en mente y debido a que las bebidas energéticas tienen un alto contenido de cafeína, EEUU y la UE han procedido a regular su etiquetado para advertir a los consumidores de su contenido. Si el contenido por presentación de una bebida es mayor a 150mg de cafeína, la etiqueta del producto debe indicar claramente “High caffeine content” (contenido alto en cafeína).
Sobre la idea de advertir a los consumidores, en México la Secretaría de la Salud ha presentado un anteproyecto de Norma Oficial Mexicana en el cual las bebidas adicionadas con cafeína deben incluir las siguientes leyendas “No consumir más de _ _ unidades al día” (considerando un ingesta máxima de 165mg de cafeína al día), “No se recomienda su consumo por: niños menores de 12 años, ni para personas sensibles a la cafeína” y “No mezclar o consumir junto con bebidas alcohólicas”.

¿En verdad el azúcar es el único culpable del sobrepeso y la obesidad?

Hace dos años la misma OMS encomendó la titánica tarea de recabar toda la evidencia científica disponible, que estudiara la relación directa de todos los tipos de azúcares con el desarrollo integral de la obesidad. Los resultados de dicha petición fueron publicados en el respetado British Medical Journal en enero de 2013 en dónde una de las conclusiones apunta: “Los datos sugieren que el cambio en grasa corporal que tiene lugar con la modificación de la ingesta de azúcares resulta de una alteración en el balance energético más que de una consecuencia fisiológica o metabólica de los monosacáridos o disacáridos”.
Es decir, la investigación reveló que el aumento de la grasa corporal está dado por la cantidad de calorías consumidas y no por el tipo de calorías (azúcares, proteínas, grasas). Es por eso que, a diferencia de lo que sucede con el sodio o los ácidos grasos saturados, el Códex Alimentarius (organismo normativo de la OMS) no ha recomendado establecer un valor de referencia para el nutriente azúcar, contrariamente lo que sí ha hecho al establecer Valores referenciales de nutrientes (VRN) asociados a enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) para ácidos grasos saturados y sodio.
El Dr. John Sievenpiper del St. Michael’s Hospital de Canadá lideró una investigación que contempló los múltiples efectos de la fructosa al entrar al organismo humano y su relación directa con el peso corporal, la presión arterial y el control de la glucemia en los seres humanos.
El reconocido investigador apunta: “El azúcar es uno de los muchos jugadores. Si nos fijamos en los estudios en los que se ven la contribución de los diversos alimentos en el aumento de peso, los alimentos azucarados no son más que un contribuyente. Por ejemplo, las papas fritas de paquete, las papas fritas, la carne procesada y la carne sin procesar aportan lo mismo o más en el aumento de peso en estos estudios. La obesidad y el riesgo cardio-metabólico es claramente un problema multifactorial. Toda esta discusión del azúcar es sólo una distracción de la cuestión principal, que es la energía. Es decir, que la gente está comiendo demasiado en general”.
El estudio de Sievenpiper resalta el hecho que los azúcares adicionados a los alimentos se metabolizan de forma idéntica a aquellos contenidos de manera natural, ya que son químicamente idénticos. El cuerpo humano no tiene manera de saber si la fuente de la glucosa y fructosa que absorbe fue la miel, un trozo de fruta, azúcar de mesa, una galletita, una gaseosa u otro alimento endulzado con azúcares.
De continuar la tendencia de la OMS sobre las recomendaciones dentro del Proyecto de directrices sobre la ingesta de azúcares pareciera que terminará por prohibir el consumo del azúcar si no se entiende el problema de la obesidad como un fenómeno multifactorial.
No hay que olvidar que el azúcar representa un importante nutriente para la sobrevivencia del ser humano. De acuerdo con el estudio: “Azúcares en la dieta y peso corporal: revisión sistemática y meta-análisis de ensayos controlados aleatorios”, liderado por la Dra. Lisa Te Morenga de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda señala que los azúcares son: “Los que proveen al organismo gran parte de la energía que necesita para funcionar. Igual que ocurre con otros nutrientes, la clave está en mantener una dieta equilibrada y evitar el sedentarismo (componentes claves para el balance energético)”.